Mi trabajo nace de la necesidad de mostrar lo que normalmente se oculta: el miedo, la angustia, el deseo, la confusión, la fragilidad.
Pinto como si alguien me estuviera observando por una mirilla, sin filtros ni protección.
Mi obra es profundamente autobiográfica. Habla de la pérdida de identidad, de no reconocerse en una misma, de la dificultad de encajar en un sistema social que impone formas de ser y de sentir.
Muchas de las figuras aparecen desdibujadas, fragmentadas o escondidas tras su propio cuerpo, como una forma de defensa o de negación.
El cuerpo y la piel son elementos recurrentes en mi trabajo. Funcionan como frontera: lo que protege, lo que separa y, al mismo tiempo, lo que expone. A través de ellos exploro emociones como la ansiedad, el caos, la soledad o el deseo de transformación.
No busco representar una única identidad, sino mostrar sus fracturas. Mis obras son preguntas abiertas: sobre quiénes somos, cuánto de nosotros nos pertenece realmente y qué parte queda condicionada por el entorno que habitamos.